CAC Comité Ambiental Comunal – La Reina

Colectivo La Banca, Ecobarrios para comunidades urbanas sustentables

Colectivo La Banca, Ecobarrios para comunidades urbanas sustentables


La Banca legalmente es una corporación sin fines de lucro nace el 2014 y está integrada por nueve socio/as de distintas comunas de Santiago, edades y ocupaciones. Su origen viene una preocupación compartida por problemáticas urbanas y ambientales como, por ejemplo, la nula planificación territorial en Santiago, donde tenemos una central nuclear en la falla de San Ramón.


En esa preocupación común les lleva a decir, en palabras de Viviana, que ‘no puede ser solo depresión, hagamos algo. Y ahí conocimos la palabra permacultura’. Luego de una jornada realizada por el Instituto Chileno de Permacultura y Transición realizada en el Cerro San Cristóbal, comienza el trabajo por recuperar un 128 metros cuadrado del cerro, que luego de jornadas masivas de trabajo centradas en generar experiencias educativas, en donde en se generó comunidad en torno al trabajo y aprendizaje del espacio. Con esto se dio origen a una huerta comunitaria que hoy es el Vivero Cumbre, y que fue la principal tarea de La Banca por dos años.


Tras un cambio de administración del espacio en que se encuentra el vivero, la cooperativa se mueve hacia las torres del San Borja. Ahí se dedicaron a trabajar en un espacio que estuvo cerrado desde tiempos de la dictadura, y que estaba pensado precisamente para la creación de una huerta. Nuevamente estuvieron dos años en ese espacio, en donde se fomentó el trabajo en comunidad en la huerta en un arduo trabajo con vecinos y vecinas del lugar.


Ya con unos años de historia, comenzaron a hacerse conocido/as y desde la municipalidad de Ñuñoa les invitaron a colaborar en programas de huertos comunitarios en la comuna. Con la pandemia se detiene un poco el trabajo que tenían proyectado de colaboración con una huerta en la Villa Frei, por lo que han pasado un proceso de reinvención de sus quehaceres.


Es por eso que hoy, dentro de otros tantos proyectos, se encuentran en la formación del Vivero La Banca, en parte como respuesta a la actual falta de empleo a los jóvenes, en donde se aventuraron con una línea productiva respetuosa de los procesos de la permacultura, que complementa su línea más social.


En sus años de experiencia han generado una serie de reflexiones en torno a su trabajo, como lo es el tema de la soberanía y seguridad alimentaria. Para Viviana, si en los años ochenta la militancia política y la lucha contra la dictadura eran los grandes temas que motivaban especialmente a los y las jóvenes, actualmente este y otros más son los nuevos temas políticos que movilizan a las personas. La problemática de la propiedad de los alimentos y las semillas, y la dificultad de acceder a ellos se vuelven cada vez más relevantes, en donde aparecen los beneficios económicos, de salud y terapéuticos que tiene el cultivar los propios alimentos, de la mano que las huertas pueden ser un espacio de participación de la ciudadanía.


Pero con los años de experiencia, al enfrentarse a las dificultades que trae el cultivar una huerta, y sumado a la formación constante del colectivo en diversas temáticas, han llegado  la convicción de que si bien las huertas son una herramienta necesaria, no basta con ellas para solucionar las problemáticas ambientales a las que nos enfrentamos. ‘La Pachamama está enferma, no sirve solo (…) ese huerto que es difícil, que es duro, que la gente se aburre de mantenerlo, sino que tú tienes que pensar en el hábitat en el que estás, en el hábitat donde colectivamente estamos: (…), cómo nos relacionamos, cómo contribuimos a cuidar a la naturaleza con relaciones más sanas’, explica Viviana. Desde esta reflexión es que como colectivo se vuelcan a la idea de los ecobarrios.


Un ecobarrio nace cuando un grupo de personas de un sector decide transitar en comunidad a una forma de vida ecológica. Así, se ponen de acuerdo en una serie de prácticas comunes para lograrlo, aparejado de algún espacio de encuentro, como una sede vecinal, en donde se instale por ejemplo una huerta comunitaria, un centro de reciclaje y/o un espacio de talleres. Con esto se logra, además de un acuerdo de cambio de hábitos, la creación de comunidades unidas en torno a ese objetivo.


Y esa es precisamente una de las ideas que La Banca tiene hoy en mente. Con toda esta experiencia es que en julio de este año se trasladan a nuestra comuna, y cuentan que el cambio desde Ñuñoa sorprende. “Esta comuna tiene un riqueza, árboles altos, diversidad y riqueza en fauna” que el colectivo quiere ayudar a preservar. “Ahí nosotros tenemos un sueño, que es evitar que el progreso ponga su calle Sánchez Fontecilla” bordeando el canal San Carlos, y que en lugar de eso, pueda existir un parque abierto a la comunidad que a la vez sirva de corredor biológico.


Pero lo más importante en estos momentos para La Banca es insertarse en la comuna, “porque solos no podemos”, explica Viviana. Luego de haber revisado la – escasa – agenda municipal en temáticas medioambientales, buscan estrechar vínculos con otras organizaciones de la sociedad civil de La Reina para aunar fueras y trabajar en conjunto en pos de una comuna sustentable.